martes, 14 de febrero de 2012

Untitled


Título: Untitled.
Autor: Xylo Brytes.
Clasificación: apto para todo público.
Género: drama.
Advertencia: ninguna.
Parejas: ninguna.
Nota de autor: este relato (el original) en realidad pertenece al Blog de Julia Leiva Cháves, una amiga mía (eliminó su blog, por eso no pongo el link). No sabía cómo darle las gracias, en ese entonces, por todo lo que hace por mí, por toda la amistad que me dio, hasta que se me ocurrió hacer del post de su blog que más me golpeó mío, en una rara manera. Empecé a escribir este relato y de repente ella se me vino a la mente, y las palabras salieron a cantidades increíbles de la lapicera. Publicado originalmente el diez de septiembre del 2009;la historia tiene la escritura original de cómo escribía yo en el 2009.




Untitled





Tomé mi mochila y metí en ella unas pocas ropas; pensaba alejarme de él, pensaba dejar todo por mi 'yo' atrás y comenzar de nuevo, en un lugar donde nadie supiera quién soy, donde nadie supiera mi nombre.Corrí a la estación con el boleto en mi mano y me subí al tren, sentándome en una no tan cómoda silla; sabía que me perseguía, sabía que estaba allí afuera, buscándome.

El tren arrancó, y suspiré aliviada al pensar en la posibilidad de vivir sin él, sin mi adicción.

Adicción. En eso se había convertido, en una -mi- adicción. Recordé mi pared llena de sus imágenes, de esos ojos mirándome mientras recorría la sala, de esas poses de supermodelo que fingía ser.

Deseé tener sus discos a mi lado, su música tan hipnotizante en mis oídos, pero me resistí; me resistí y dejé mi Ipod en la mochila. No podía evitar tararear sus canciones en mi cabeza, eran extrañamente hermosas.

Llegué a mi destino, y me detuve en el andén: quería estar segura de que no me seguía, de que ya lo había dejado atrás.

Poco a poco mi cabeza se fue ocupando de otras más que de él; ¿Dónde dormiría? ¿Qué comería? ¿Con qué dinero pagaría mi nueva vida? Caminé sin ver a dónde estaba yendo hasta que escuché un auto derrapar. Sí, un auto de color rojo venía hacia mí a toda velocidad; la calle mojada por la lluevia que había comenzado hacía unos minutos no dejaba frenar al hombre que lo manejaba: lo veía, echaba el freno, pero el auto no respondía.

¿Qué más podía pedir? ¿Acaso no era eso lo que había pedido, acabar con todo? Todas esas lágrimas derramadas, toda esa sangre que a borbotones salía de mi brazo de vez en cuando.. ¿Habían sido en vano? ¿Lo único que necesitaba era un auto sin frenos? Me preparé, no iba a arrepentirme. No me moví, y cerré los ojos con fuerza.

Mi vida pasó como una película por la oscuridad que ahora veía, tan rápido como un rayo duraba en una tormenta. Mi madre, mi padre, mis hermanos, toda mi familia estaba allí.. pero esa película de mi vida no terminaba con ninguno de ellos, ni de mis amigos, sino con él.. con toda la perfección que era capaz de recordar sobre él.

"No lo hagas" resonó su voz en mi cabeza. Sí, su voz, en mi idioma, en mi cabeza. "Seguí, caminá.. por favor, por mí". No quería, ¡no quería! ¡Todo esto lo estaba haciendo, justamente, por él! Pero a mi cuerpo no le importó. Caminó, corrió, subiendo a la vereda. Vi al auto seguir su camino, derrapando sin frenos. Escuché el fin de su travesía, el choque contra alguna cosa que detuvo su andar.

Mi oportunidad, era mi oportunidad de acabar con mi delirio, pero se fue, como la esperanza de dejarlo atrás.

"No lo hagas nunca más" volvió a resonar su voz en mi cabeza. "Esperame, como yo te espero.. hacelo por mí". Asentí, sin saber si él me estaba hablando, oyendo o viendo.

Me senté a la vereda y me puse a pensar.

"Gracias" volví a escuchar.

Fue entonces cuando ya no distinguía mis lágrimas de las gotas de lluvia.



La triste realidad


Título: La triste realidad.
Autor: Xylo Brytes.
Clasificación: para todo público.
Género: ¿romance, drama?
Advertencia: ninguna.
Parejas: ninguna, chico/chica
Nota de autor: este one shot fue originalmente publicadoel nueve de septiembre del 2009, no he corregido absolutamente nada excepto errores gramaticales; la historia tiene la escritura original de cómo escribía yo en el 2009, no me maten. El chico está inspirado en Bill Kaulitz (mi amor en esa época) pero puede ser aplicado a cualquier artista.

―¡Alejate de mí! ―Le gritaba él, aún caminando por la calle― ¡Andate y nunca vuelvas!
―¡No! ―respondía ella, en el mismo tono de voz― ¡No quiero alejarme! ¡Quiero estar a tu lado! ¡¿Por qué no podés entenderlo?! ―Él se paró en seco en medio de la vereda.
―¡Vos no podés entenderlo! ¡Soy una ilusión, un pedazo de papel arrugado, un puto póster en la pared! ¡Eso soy! Yo no te convengo, creeme... creeme y entendelo.
―¡¿Una ilusión?! ¡¿Papel?! ¡¿Póster?! Vos no sos nada de eso... mejor dicho, sos eso y mucho, mucho más. ―Le dijo ella. Él explotaba del enojo, y ella seguía sin entenderlo.
―¡¿Y qué soy, a ver?! Decime, ¡¿Qué soy?! ¡¿Una estrella, un compositor, un cantante?!
―Lo que más quiero en el mundo, eso sos. Sos mi aire, mi oxígeno, sos la sangre que fluye por mis venas. Sos la razón de mi existir, sos mi decisión en todo momento, sos la persona con la que quiero pasar el resto de mis días y más allá de ellos. Sos mi ejemplo a seguir, lo que me guía cuando no sé a dónde dirigirme. Sos, simple, total y completamente todo para mí... ¿Qué no podés entender, a ver? Entendé que si te vas yo no sigo porque no puedo seguir; entendé que después de vos nunca va a haber nada; entendé que después de vos nunca va a haber nada; entendé que a donde vos vayas yo voy, porque te necesito y amo con cada átomo de mi débil y convencido cuerpo... ―hubo una pausa preocupante, donde ella se lo comió con la mirada y él recapacitaba sobre lo que había escuchado.
―Lloraste por mí, ¿no es cierto? ―preguntó con cautela y con voz apenas audible.
―Sí ―murmuró ella.
―¿Y por qué razón? ―Ella se encogió de hombros, acercándose a él.
―Por muchas y simples razones... porque no puedo tenerte, porque los demás piensan que estoy loca si les digo que me enamoré de vos; porque cada vez que me despierto y cada vez que termina el día me maldigo por no haberte conocido en persona, por no haber nacido cerca de vos. Por la simple idea de que te amo... ―hubo otro silencio, pero ahora ella estaba muy preocupada.
―¿Lo ves? No te convengo, no soy bueno para vos... olvidate de mí y sé feliz con alguna otra adicción.
―¿Olvidarme de vos? ¿Olvidarme de toda mi vida? ¿Acaso creés que no lo intenté? Bueno, sí… lo hice, lo intenté. Pero, cuando creía que lo había hecho... ―rió―. Es muy frustrante, ¿sabés? Es como querer dejar de fumar... digo que puedo hacerlo, lo intento y lo intento, pero siempre vuelve a mí, una y otra y otra vez, y me vuelve a atrapar. Me quise resistir a tu voz, a tus movimientos, a tu figura, a vos mismo... pero tampoco pude. ¡Por favor! Sé de memoria tu historia, tus amigos, lo que hacés, cómo sos...
―¿Cómo soy? ―Interrumpió él― ¿Cómo sabés cómo realmente soy? ¿Leíste entrevistas y viste mi "real" encanto?
―No ―protestó ella― las entrevistas mienten, siempre mienten.
―¿Entonces? ¿Simplemente magia? ―cuestionó él.
―No sé si es magia o no... es algo… es algo que siento en mi interior, que sos bueno, que sos amoroso y tierno y…
―Pensaron que Hitler era bueno y por eso lo eligieron... ―interrumpió él, bajando su vista a los pies de la muchacha― ¡mirá cuán bueno  resultó ser!
―¡¡No te compares con Hitler!! ¡Y no lo metas en esto! Sé que no sos como él ni como nadie, porque sos único.
―¿Único? ―dijo él, mirando a su acompañante y acercándose tanto que sos caras estuvieron a unos pocos centímetros de distancia― Único hasta que algún otro idiota como yo saque un disco, una serie, una película, un programa de televisión o cualquier otro jodido y estúpido material de marketing y te enamores de él; vas a sacar todos mis pósters de tu habitación y vas a poner los de él. Vas a comprar toda su mercancía y a gastar millones de monedas y billetes en su estúpido álbum de figuritas o sus miles de discos de música barata que te va a volver loca. Siempre "esa" persona va a ser única, increíble, excepcional... siempre vas a amarla, como es conmigo ahora. ―Hizo una pausa, y ella podía sentir su aliento rozar sus labios.
―Por eso... vos ahora para mí sos el único… dejame ser feliz, dejame hacerte feliz…
―Quiero que seas feliz, pero yo no soy una opción... ―-la besó tan efusivamente que la dejó sin aire―. Quiero que llores si hace falta, pero no por mí. Quiero que te sorprendas por pequeñas cosas, pero no porque me compré un perro o porque escribí una nueva canción. Por favor, hacelo por mí... no dependas de mí ni de nadie, porque te va a herir y a esa persona también, o al menos a mí... por favor, no…
―Por favor, no te alejes de mí porque te amo ―dijo ella, abrazándolo―. Te quité as palabras de la boca, ¿no es cierto? ―Él sonrió.
―Exactamente, ―susurró en su oído mientras la abrazaba― exactamente.

sábado, 21 de enero de 2012

Like a virgin

Título: Like a virgin
Autor: Helena Black
Clasificacion: no adecuado para niños.
Género: Semi-comedia,
Advertencias: Ninguna.
Parejas: Frank - Mikey.
Notas de autor: Para ser sincera, no me gusta mi OS xD pero fue un reto que me fue dado en un topic y fue cumplido.


Helena Black ~ "Te reto a hacer un fic donde el protagonista este enamorado de un poster de Madonna que tiene oculto en su armario" ~ 04-Ene


Like a virgin




Like a virgin… touched for the very first time ―cantó Gerard al ritmo de su musa, Madonna. Se puso la boa fucsia de su madre y caminó por encima de la cama como si fuera una pasarela―. Like a virgin, when your heart beats next to mine.

Escuchó a alguien en el pasillo y cayó de espaldas al piso. Se apresuró a ponerle STOP a la canción justo en el momento en el que su hermano, Mikey, y su mejor amigo, Frank, se asomaron por la puerta.

―¿Qué hacés? ―le recriminó Mikey al verlo en el piso.

―Hago abdominales, ¿qué no ves? No quiero ser un gusano ―Gerard se apresuró a intentar hacer un abdominal, pero no alcanzó la mitad del camino hacia sus rodillas; cayó desplomado―. Bueno, ya iba por la ciento setenta, en algún momento me tenía que cansar… ―Frank sonrió.

―Ahá… ¿qué hacés con la boa de mamá? ―susurró su hermanito.

―Secarme el sudor, claro. No tenía ninguna toalla a mano, así que… ―Mikey se fijó en su armario.

―¡¿Tenés un nuevo poster?! ¡Cómo no me avisaste! ―entró corriendo en la habitación― ¿De qué es? ¿Misfits? ¿Assassin’s Creed? ¿Zelda? ―Gerard se interpuso en su camino, cerrando el ropero.

―¡Misfits! Pero no lo veas ahora, le tengo que hacer unos retoques con acrílico para que se vea bien.

―Genial, pero quiero verlo ahora. Soy tu hermano, no un tasador de posters. ―Intentó sacar a Gerard y abrir el ropero, pero no pudo―. Gerard… ¿puedo?

―No. Hasta que no lo tenga con acrílico no.

―¡¿Desde cuándo no puedo ver tus posters en estado vegetativo?! Por favor, Gerard… ―forcejearon un par de minutos hasta que Frank se interpuso.
                                                                     
―¿Qué les parece si tiramos una moneda y lo que sale sale? ¿Sí? Bueno… Mikey cara, Gerard seca… ―sacó una moneda de su bolsillo y la tiró fuerte hacia arriba―. Bien… cara. Gerard, mostrá el poster.

―No, seguro la moneda tenía dos caras.

―¿Es en serio, Gerard? ―le susurró Mikey― ¡Vamos, mostrame el poster!

―No.

―Sí.

―No.

―Sí.

―¡Que no!

―¡Que sí!

―¡Que…! ―pero Frank ya había abierto el ropero, y su poster de su musa quedó a la vista de los dos más pequeños.

―¿Eso es…? ―susurró Frank.

―¿Acaso es…? ―susurró Mikey.

―¡¿MADONNA?! ―gritaron los dos al unísono.

―¡Cállense, se debió dar vuelta el poster! ―dijo Gerard, cerrando su armario y poniéndose todo rojo―. Váyanse, váyanse de mi habitación. ¡Ahora! ―les gritó Gerard, a lo que los dos respondieron con una risotada. Cuando por fin los echó, miró su poster― Mad, ¿por qué se ríen de mí? Yo te amo, ¿por qué no entienden mis gustos? ―suspiró, para luego besar el poster. Lo despegó y lo abrazó, sin dejar de besarlo. Lo tiró en la cama y él se tiró arriba, besándolo.

―Ay, por el amor de Dios… ¡Gerard! ―gritó Mikey, después de sacarle una foto en esa posición.

―¡Te dije que te fueras! ¡Andate! ¡Andate! ¡Andate! ―lo echó de la habitación para enseguida empezar a planear su venganza.

¿Mikey tenía puntos débiles? ¿Era virgen? ¿Le gustaba alguna chica como para molestarlo? Astro zombies de los Misfits comenzó a sonar a todo lo que da, y Gerard sólo la soportó hasta el estribillo; por más que le gustara la banda, no podía pensar si tenía las estrofas de la canción en la cabeza.

Caminó rápido hasta la habitación de Mikey cuando la canción se paró de repente, seguida de gemidos incontrolables. Dudó al abrir la puerta, pero terminó haciéndolo de golpe.

―¡Por el amor de Cristo Santo! ―gritó Gerard al ver a Frank encima de Mikey―. ¿Qué pasa acá? ¡¿Qué es esto?! ―Frank se subió los pantalones y Gerard sonrió―. ¡Mikey es gay! ¡Mi pequeño hermano es gay! ¡Y ahora no podrá acusarme de nada! ―se carcajeó―. ¡Mikey, sos gay!

jueves, 29 de diciembre de 2011

Desvaríos nocturnos

Recuesto mi cabeza suavemente en la almohada y me sumerjo en el mundo de lo desconocido. ¿Hace cuánto estoy acá tendida? ¿Una hora, dos? No puedo dormir. Las estrellas se calan en mi retina como rayos de algún láser, muy brillantes en la oscuridad a estas horas. ¿Es eso la luz del sol amaneciendo o soy sólo yo imaginando? No puedo prender la PC, me oirían y me mandarían a dormir.

¿En serio no puedo desconectarme de todo esto? ¿Por qué mi inconsciente sigue pensando en estas cosas? No es justo, quiero dormir. Quiero pensar en música, en viajar, en mis programas favoritos, en las películas que vi ayer. ¿Por qué tengo que pensar en esto? No quiero, no quiero, no quiero.

Puto mosquito. ¿Es eso un mosquito? Por favor, que no sea una cucaracha voladora. Por favor, por favor, por favor. No, se fue, no escucho más su ruido. No, ahí está de vuelta. Me voy a tapar hasta la cabeza.

Mierda, no respiro. Voy a sacar la nariz afuera de mi cueva, así puedo dormirme. Wait, afuera está frío. Voy a entrar la nariz. Mierda, vuelvo a ahogarme. Me voy a destapar y que sea lo que Dios quiera.

¿Qué hora es? ¡¿Ya son las seis?! ¿Cómo se pasó tan rápido el tiempo? Los pájaros ya empiezan a molestarme. El gallo del vecino ya cantó, que lo jodan. Aún no dormí y todos ya se despiertan.

Mierda.

domingo, 4 de diciembre de 2011

La tumba de las luciérnagas

Título: La tumba de las luciérnagas.
AutorXylo Brytes.
Clasificaciónpara todo público.
Génerodesconocido. ¿Drama?
Advertencianinguna. 
Parejasninguna. 



Me desperté esa mañana temprano, con un sol abrasador. Cerré la cortina en busca de un ambiente oscuro y fresco. Puse un par de flores en el envase de caramelos de fruta que tenía en mi mesa de luz, el cual me recordaba mi pobreza; oh, cómo la extrañaba. Sus risas y sus juegos, sus sonrisas matutinas… 


Fui hasta su habitación, divisando su cuna. El tenedor de plástico estaba encima de su platito de juguete, con su muñeca sentada en una sillita aún esperando que su madre le de comida inexistente. 

Las luciérnagas de peluche colgaban del techo, incitando a una beba inexistente a que caiga en los brazos de Morfeo.

Entré buscando sus recuerdos y pisé un camión de juguete, el pequeño, el que usaba para molestarme los fines de semana. El dolor me hizo dar cuenta de que estaba despierto, que la extrañaba y que los aviones enemigos volvían a sobrevolar la ciudad. 

Juré frente al altar de caramelos de fruta que vengaría su muerte, y este dolor era el que me decía que ya estaba preparado para hacerlo.


Recé dos veces, tomé el arma y pedí que ella me esperara dondequiera que estuviera.